Los tres integrantes de una familia veinticinqueña que cayeron presos en mayo pasado por vender droga frente a un colegio fueron condenados este miércoles por la Justicia Federal. Son los Molina. A uno de los acusados lo castigaron con 4 años de prisión, mientras que su hermano y su sobrino recibieron penas de cumplimiento condicional, por lo que recuperaron la libertad. En ambos casos, también se les impusieron multas en dinero.
El veredicto se dio durante una audiencia en la que Ceferino Daniel Molina, su hermano Juan Santos y su sobrino Hugo Ariel Molina reconocieron los delitos y aceptaron el juicio abreviado, a través de un acuerdo al que arribaron el abogado defensor Claudio Omar Vera y el fiscal federal Francisco Maldonado. Los tres llegaron acusados del delito de comercialización agravada de estupefaciente, pero el acuerdo incluyó un ajuste en la calificación por otra menos gravosa.
El juez federal Leopoldo Rago homologó el acuerdo y condenó a Ceferino Molina, de 32 años, a la pena de 4 años de prisión efectiva, más una multa de poco más de 100.000 pesos. Los que recuperaron la libertad fueron Juan Santos Molina y su sobrino Hugo Molina, ya que recibieron una pena de 2 años de prisión en suspenso y una multa de 53.000 pesos.
El procedimiento que terminó con la detención de los tres Molina se realizó el sábado 30 de mayo en una vivienda del barrio Santa Rosa, en 25 de Mayo, ubicada en las proximidades de un colegio religioso. El operativo estuvo a cargo de los policías del Departamento Drogas Ilegales D-5, con apoyo de los uniformados del Grupo Especial de Rescate y Acciones de Seguridad (GERAS), luego de una investigación que permitió reunir pruebas sobre la presunta comercialización de estupefacientes en el lugar.
Durante el allanamiento, los efectivos encontraron y secuestraron unos 130 gramos de marihuana y varias dosis de cocaína, que en total rondaban los 11 gramos. También incautaron aproximadamente 1.500.000 pesos en efectivo y dos balanzas de precisión, además de teléfonos celulares y otros elementos que, según la investigación, eran utilizados para el fraccionamiento y acondicionamiento de la droga. Uno de los hallazgos se produjo con la intervención de “Farkas”, un perro entrenado para detectar sustancias ilícitas, que marcó un bolso oculto dentro de un placard con doble fondo.