Un oscuro caso de violencia y abusos intrafamiliares se ventiló finalmente este martes en Tribunales, tras la fallida audiencia de la semana pasada que se suspendió por decisión de la oficina judicial.
Una mujer adulta venció el doloroso silencio y denunció a la expareja de su madre por los vejámenes a los que fue sometida durante su niñez y adolescencia. El expediente, que tuvo su inicio con la denuncia el 27 de mayo de este año, culminó con la imputación y detención de un sujeto radicado en la localidad de la Chimbera en 25 de Mayo.
En esta instancia, el Ministerio Público Fiscal (MPF) estuvo representado por la fiscal Alejandra Bazán, mientras que el juez de Garantías que presidió la audiencia fue Gerardo Javier Fernández Caussi. Por su parte, la defensa del imputado estuvo a cargo del abogado Jorge Ramos.
El legajo judicial describe un auténtico calvario que se habría extendido a lo largo de más de siete años. Según consta en la denuncia, la víctima padeció continuos y sistemáticos ataques desde sus escasos 6 años hasta que finalmente logró huir a los 13 cuando le contó lo sucedido a su abuelo y desde ahí se quedó viviendo con él.
El acusado, aprovechando cualquier ausencia de la madre o los momentos en los que el resto del grupo familiar dormía, doblegaba la voluntad de la niña. Para asegurar su total silencio, el agresor recurría a una intimidación psicológica extrema: le advertía de manera constante que, si contaba lo que estaba sucediendo, iba a asesinar a su madre. Este amedrentamiento se desarrollaba en un clima de terror hogareño, caracterizado por recurrentes y salvajes golpizas tanto hacia la progenitora como hacia la propia menor cuando intentaba oponer resistencia.
El contexto en el que se desenvolvieron estos graves episodios agravaba de manera sustancial el estado de indefensión de la víctima. Durante un extenso período, entre los 6 y 10 años de edad de la niña, la familia habitó en condiciones de profunda precariedad en una vivienda situada en un basural. En ese entorno hostil, el acusado acudía a métodos de una crueldad estremecedora para someterla.
Un dato extremadamente grave es que, en una maniobra de manipulación y tortura, utilizaba el pánico que la niña le tenía a las arañas: recolectaba estos arácnidos en un frasco y se los colocaba sobre el cuerpo, logrando inmovilizarla del terror absoluto para evitar que se defendiera mientras cometía los abusos.
De acuerdo al desgarrador relato de la víctima, su madre habría tenido conocimiento de estos hechos, pero jamás intercedió ni acudió a las autoridades policiales.
El principal sospechoso de este grave episodio llegó a Tribunales en libertad, pero se fue directo al penal de Chimbas con prisión preventiva por el plazo de 2 meses, medida de coerción que le dictó el juez Gerardo Javier Fernández Caussi tras imputarle de ser el autor del presunto delito de abuso sexual con acceso carnal reiterado agravado por la convivencia.