El desierto sanjuanino guarda tesoros que solo los apasionados por la aventura saben descubrir. En el aire del programa “San Juan en Altavoz”, un grupo de pilotos le puso voz a una pasión que crece año a año: el desafío de conquistar el Puesto El Baldecito, ubicado en la zona de Vallecito, Caucete.
Allí se levanta un médano imponente, colosal y difícil que altera el pulso de cualquiera que se ponga detrás de un volante.»En los videos de las redes sociales se ven chiquitos, pero el que llega acá y ve el médano de frente, se asombra. Es un gigante muy empinado«, advirtió Víctor Urbano, un mendocino que viaja desde Costa de Araujo especialmente para esta travesía.
El gran desafío de todos es «subirlo derecho», una hazaña que requiere tanto ingenio mecánico como muñeca de piloto.
Franco Peña destacó la diferencia del tipo de suelo con otors lugares, “acá la arena del lugar tiene su propia fama: es extremadamente pesada y frena los vehículos apenas intentan encarar la pendiente”.
Lo fascinante de esta movida no son los vehículos millonarios, sino el amor por los fierros tradicionales. Víctor, por ejemplo, asombra a todos con su Rastrojero modelo 61 4×4, armado de forma totalmente artesanal sobre un chasis fabricado por él mismo y equipado con un motor Peugeot 504 turbo e inyección. «Llegar arriba es un logro personal. Podés ser muy buen piloto, pero si la máquina no acompaña, no subís, y si tenés una gran máquina pero errás los cambios, te quedás abajo», confesó.
El desafío también se vive en tracción simple. Javier Tordecilla cuenta su secreto: “Pasando la Difunta ya desinflamos las cubiertas. Para subir este monstruo hay que tomar mucho envión desde atrás, meter segunda a fondo y, cuando el motor se muere, tirar la primera para rasguñar lo más alto posible”.
Por su parte, Pedro Saldívar, quien comparte la aventura en un Jeep con motor Ford junto a su hijo, remarcó la importancia de la desconexión: “Mucha gente debería animarse a dejar la rutina para vivir esto en el campo traviesa”.
Más allá de la adrenalina por domar la arena, los protagonistas coinciden en que la reina de la travesía es la camaradería. Adentrarse en esos rincones áridos donde todo el paisaje parece igual exige códigos estrictos: nunca ir solos, llevar agua, herramientas básicas y, fundamentalmente, ir acompañados por un baqueano de la zona. En este caso, el anfitrión es Facundo, el dueño del puesto, quien junto a su familia recibe a los viajeros con los brazos abiertos.
«Salir a la nada te da esa inquietud de saber que si pasa algo hay que solucionarlo en el momento, en equipo. Eso es lo lindo«, resumió Pedro.
Al final del día, cuando el sol cae sobre la arena pesada de Caucete, no importa quién llegó más alto o qué motor rugió más fuerte. El verdadero triunfo de El Baldecito son los momentos compartidos, las anécdotas alrededor de los vehículos y esa complicidad fierrera que une a sanjuaninos y mendocinos en el corazón del desierto.
fuente: canal 13