En el corazón del departamento de Caucete, el barrio Justo Castro I vive un proceso de transformación comunitaria que llama la atención por su impacto y su particularidad, avanza con obras y actividades financiadas y ejecutadas casi en su totalidad con recursos propios, ante la falta de respuestas del Municipio. Al frente de esta revitalización está Natalia Alcaraz, presidenta de la Unión Vecinal, una institución que hace apenas seis meses recuperó su personería jurídica tras casi dos décadas de acefalía.

“La Unión Vecinal del Justo Castro I era algo muy ansiado por los vecinos. Teníamos personería jurídica hace 20 años, pero se perdió”, remarcó Alcaraz en el repaso del largo camino administrativo que demandó su regularización. La gesta comenzó con tres vecinos que conformaron un triunvirato normalizador y trabajaron durante más de tres años en la titánica tarea de rehacer 13 balances, recuperar los libros y sortear incontables trámites hasta lograr, la asamblea que devolvió la vida institucional al barrio.

La formación de la comisión directiva actual no fue un proceso lineal. Según explicó su presidenta, un grupo de mujeres que ya venía realizando actividades informales, “las mujeres molestas del barrio”, bromeó, fue tomando protagonismo a partir de una convocatoria por temas de inseguridad. Cuando el triunvirato anunció la asamblea, un núcleo reducido de vecinas tomó la posta para armar la única lista que se presentaría. Fue entonces cuando el triunvirato le propuso personalmente a Alcaraz asumir la presidencia, propuesta que terminó aceptando.

La respuesta de los vecinos ante el resurgimiento de la unión vecinal sorprendió a sus dirigentes. Alcaraz lo atribuye a un punto de inflexión inesperado: la pandemia. Recordó que Justo Castro I fue el primer barrio de Caucete cerrado durante el aislamiento sanitario, una medida que, aunque polémica, generó un quiebre en la dinámica social. “Estábamos solitos ahí adentro. Empezamos a mirar al que teníamos al lado y a generar una conciencia distinta”, reflexionó. De aquel encierro nació un mapeo de oficios y productos del barrio que permitió a los vecinos descubrirse como una comunidad “autosustentable” y recuperar la sociabilización perdida.

Ese nuevo espíritu colectivo se puso a prueba rápidamente con actividades como la “Navidad en mi barrio” y la llegada de los Reyes Magos, que tuvieron un acompañamiento masivo. Sin embargo, la comisión directiva decidió equilibrar la agenda recreativa con un abordaje urgente de las carencias estructurales. Ante la falta de poda y el fracaso de las gestiones por mejorar la iluminación, el Municipio les comunicó directamente que no podían contar con esa obra, los vecinos tomaron la decisión de actuar por su cuenta: arreglaron y pintaron los bancos y juegos de la plaza con fondos y mano de obra vecinal.

El ímpetu autogestivo no se detuvo allí. La unión vecinal encaró la reconstrucción de los puentes de acceso a la plaza, deteriorados al punto de causar caídas y problemas entre los adultos mayores e impedir el paso de personas en silla de ruedas. “Esa es una obra que en realidad debería hacer el Municipio, pero se tomó la decisión firme de hacerla nosotros”, sentenció Alcaraz. Con la ayuda de un albañil del barrio y recursos propios, todos los puentes rotos quedaron reparados. Ahora, el nuevo proyecto en marcha es la construcción de mesas y bancos en la Gruta de Santa Gema, pensada no solo para los residentes sino también para los estudiantes de la escuela EPET que deambulan por la zona, sin tener un lugar donde poder quedarse.

El vínculo con el Municipio de Caucete es, según el relato de la presidenta, un camino de gestiones «complejas». Alcaraz detalló que mantuvieron una reunión formal con la intendenta, el secretario de Obras y otras autoridades para plantear las necesidades del barrio, que incluyen la urgente instalación de reductores de velocidad y señalética por el peligro que corren niños y ancianos ante el tránsito vehicular. La respuesta fue que el Municipio pondría la mano de obra, pero que el 50% de los materiales debían costearlos los vecinos. La obra nunca se concretó. “Somos una unión vecinal que no se para ante el ‘no’; siempre buscamos otra alternativa”, afirmó Alcaraz.

La presidenta de la Unión Vecinal, destaca en el ultimo tramo de la entrevista, que se ha logrado de a poco, consolidar una participación activa de los vecinos en cada actividad o evento que realizamos, destaca Alcaraz. También el proceso de fomentar un barrio mas solidario y unido, no solo con quienes vivimos hace años acá, sino que el mensaje llegue a las nuevas generaciones que están surgiendo en el barrio, familias jóvenes o gente nueva que ha demostrado interés en querer participar y comprometerse con el barrio, destaca Natalia.

Antes de finalizar la nota, le consultamos por su actividad política, una de las figuras destacadas del arco político departamental que siempre fue considerada, le preguntamos si evalúa un nuevo rol a partir del 2027 en mira a las elecciones. La dirigente fue clara: su objetivo es la presidencia de la unión vecinal hasta 2027. “Hoy estoy abocada exclusivamente a esto. Hago política social, no partidaria”, respondió, aunque sin descartar otros escenarios a futuro. La entrevista culminó con un agradecimiento y una invitación que resume la filosofía de trabajo del barrio: “Las puertas de la Unión Vecinal están abiertas para todos los vecinos y para todas las autoridades municipales y provinciales que quieran colaborar con nosotros”.

POR IVAN PALACIO