La historia de Marcelo Allende comenzó lejos de imaginar que algún día sería sacerdote. Nacido y criado en Caucete, creció en una familia que no tenía una práctica religiosa activa y fue recién de adolescente, cuando estaba cerca de cumplir 18 años, que comenzó a acercarse a la Iglesia. Lo que entonces parecía apenas un primer encuentro con la fe terminó abriendo un camino que, con los años, transformaría su vida y lo llevaría hasta el sacerdocio.
Hoy, después de años de discernimiento, formación, servicio y distintas experiencias pastorales, Marcelo está a las puertas de uno de los momentos más importantes de su vida: este viernes 18 de septiembre recibirá la ordenación sacerdotal en la Iglesia Catedral San Juan Bautista.
Un acercamiento a la Iglesia que comenzó de grande
Marcelo es de Caucete y pertenece a la comunidad de la parroquia Cristo Rey. Durante su infancia no tuvo una participación habitual en la Iglesia. Sus padres lo bautizaron, pero la comunión y la confirmación llegaron recién cuando estaba cerca de cumplir 18 años.
En 2006 realizó un retiro del movimiento Eslabón, en la Casa de Betania. La experiencia significó un punto de inflexión y, al salir de allí, sintió que debía incorporarse a la vida de la parroquia.
Comenzó entonces a participar en el grupo de jóvenes circulistas de Caucete y a realizar distintas actividades misioneras. Una de las primeras experiencias que recuerda fue el trabajo en una zona ubicada entre el cementerio y el basural de Caucete, donde acompañaban a familias que se habían instalado en ese sector.
También comenzó a asumir nuevas responsabilidades. El padre Luis Nieto, sacerdote fallecido el año pasado, lo invitó a formar parte del consejo pastoral de la parroquia.
Diez años después llegó la decisión de entrar al seminario
Pasaron varios años hasta que Marcelo se animó a comenzar a discernir formalmente una posible vocación sacerdotal.
En 2015 inició el proceso de discernimiento junto a sacerdotes del seminario. Para él no era sencillo hablar de lo que estaba viviendo. Además, no quería generar expectativas en su familia porque tampoco sabía qué iba a suceder.
Por eso, durante un tiempo, mantuvo el proceso prácticamente en reserva. Con el acompañamiento del padre Ricardo Doña, que en aquel momento estaba en Caucete, comenzó una formación que le permitió transitar ese período sin saber todavía cuál sería el resultado.
En 2016 comenzó una etapa de formación que se extendió durante hasta su salida en 2025. “Entré con 28 años al seminario, no entré muy jovencito”, recordó Marcelo.
A diferencia de otros compañeros que habían tenido contacto con la Iglesia desde pequeños, él sentía que estaba descubriendo muchas cosas mientras avanzaba en su formación. “Entré conociendo a Jesús ahí adentro”, explicó.
Los años de seminario estuvieron acompañados por esfuerzo y sacrificio. Marcelo recordó especialmente los viajes que realizaba desde Caucete hacia el seminario (Pocito) y el modo en que organizaba sus días para poder cumplir con las distintas actividades.
“No me ha sido muy fácil”, reconoció, aunque inmediatamente aclaró que esas dificultades quedaban en segundo plano frente al apoyo y el cariño recibido de las personas que lo acompañaron durante todo el camino.
Para Marcelo, esa formación no solamente significó estudiar y prepararse para el ministerio sacerdotal. También implicó conocer distintas comunidades, compartir sus realidades y aprender desde cada experiencia pastoral.
Durante sus años de formación pasó por diferentes parroquias y comunidades de San Juan.
- Tuvo una experiencia en Santo Domingo de Chimbas. Luego, en 2020, vivió durante todo el año en la parroquia Andacollo de Chimbas.
- En 2021 fue enviado a Zonda, donde concurría los fines de semana, desde el viernes hasta el domingo. Esa experiencia fue especialmente significativa porque representó su primera comunidad fuera del período de pandemia en la que pudo desarrollar distintas actividades pastorales.
- En 2022 llegó a Santa Lucía, donde permaneció durante un año.
- En 2023 tuvo otra experiencia especial: junto al seminarista mendocino Maximiliano, fueron los primeros seminaristas enviados a la comunidad de Bermejo, en Caucete.
- Al año siguiente fue destinado a Santa Teresita del Niño Jesús, en el barrio Güemes, en Rawson, donde terminó su formación.
- Cuando salió del seminario, en 2025, regresó a Santa Lucía para vivir junto a los sacerdotes de esa comunidad. Allí recibió la ordenación diaconal el 17 de octubre.
La muerte de su padre y una familia que nunca dejó de acompañarlo
Uno de los momentos más difíciles de su camino ocurrió en 2020, durante la pandemia. Mientras atravesaba la formación y se encontraba viviendo en Chimbas, murió su padre.
Marcelo recuerda ese momento como una experiencia profundamente dolorosa. A la pérdida se sumó la necesidad de reorganizarse como familia y continuar con una formación que todavía estaba a mitad de camino.
Sin embargo, el acompañamiento de su mamá y sus hermanos fue fundamental. Aunque su familia no practica activamente la fe, siempre respetó su decisión y permaneció a su lado durante todo el proceso. “Ellos durante los 10 años siempre me han acompañado, han estado presentes”, contó Marcelo.
La última etapa antes de convertirse en sacerdote
Después de su paso por Santa Lucía y de recibir la ordenación diaconal, Marcelo fue destinado a San José de Jáchal.
Desde febrero de este año vive en las parroquias de San José y Nuestra Señora de las Mercedes, aunque actualmente se encuentra especialmente abocado a esta última comunidad. Es diácono de ambas parroquias y recientemente recibió el decreto como vicario.
Pero el camino está a punto de completar una nueva etapa. Durante estos días previos a la ordenación realizó las promesas de fidelidad y la profesión de fe, momentos que forman parte de la preparación para el ministerio sacerdotal.
También comenzó con los preparativos propios de una celebración que sabe que será única en su vida: los ornamentos, las tarjetas de recuerdo y todos los detalles vinculados con la ordenación.
“Uno en este tiempo se siente muy amado por la gente”, señaló, emocionado por las muestras de cariño que recibió de familiares, amigos y miembros de las distintas comunidades por las que pasó.
“Que se animen a hablar y a preguntar”
A pocos días de convertirse en sacerdote, Marcelo también tiene un mensaje para los jóvenes. Su primera recomendación nace justamente de una de las dificultades que él mismo tuvo que atravesar: hablar.
“Todo se salva hablando”, sostiene. Para él, aprender a expresar lo que uno siente, preguntar y animarse a plantear las dudas puede ayudar a encontrar respuestas en distintos momentos de la vida. También los invita a luchar por sus sueños y a preguntarse qué quieren para su futuro. “Que ellos siempre luchen por lo que sueñan”, expresa.
Desde su propia experiencia, considera que cada persona debe animarse a descubrir aquello que lleva en el corazón y no tener miedo de buscar su camino. A quienes puedan sentir una vocación sacerdotal o religiosa, les deja especialmente una invitación: hablar, preguntar y dejarse acompañar.
fuente: DLPSJ